La Vida. Propósito
CONTENIDO
1.2 La Vida ¿Que es y para qué?
1.3 El Alma Viviente
1.3.1 ¿Qué es el alma viviente?
1.3.2 Propósito de la Creación del Hombre vs La necesidad de Dios.
1.3.3 Mecanismo implantado en el Alma para Cumplimiento del Propósito.
La Vida ¿Que es y para qué?
¿Qué es la vida?
El concepto de vida es diverso, y puede abordarse desde muchas perspectivas, incluyendo lo biológico, filosófico y lo social. Sin embargo, en esta formación el concepto de vida si toca desde lo que es realmente, es decir, desde lo espiritual. La vida, como bien está en las sagradas escrituras, se origina en el creador, esto se encuentra en el libro de Génesis cuando Dios luego de tomar del polvo y crear al hombre sopló en su nariz aliento de vida.
Génesis 2:7 – Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fue el hombre un alma viviente.
Por lo tanto, la vida que posee el hombre tiene su origen en el creador, por lo tanto, tener vida, es tenerlo a Él, de allí que el último versículo de los salmos concluye diciendo.
Salmos 150:6 – Todo lo que respira alabe a Jehová. Aleluya.
El acto esencial de inhalar a través de la nariz, concedido al ser humano, es una acción inevitable. Basta con detener la respiración por un instante para percibir lo efímera que es la existencia. En consecuencia, nuestra conexión primordial con la vida a través de la respiración, es lo que nos sustenta, es lo que nos mantiene en este cuerpo y en esta existencia.
Ahora bien, respondiendo la pregunta ¿qué es la vida?, de una manera sencilla, pero con el fundamento de lo que realmente es, esta no es más, que la fortaleza, la vitalidad o el poder de Dios nosotros, y es la mayor prueba, de que Dios y el hombre son uno. Por lo tanto, no existe algo en esta existencia, que teniendo vida no sea Dios, debido a qué la vida que tiene es Dios quien la mantiene.
Parte 1.
¿Para qué la Vida?
Ahora, sabiendo que la vida es en esencia, Dios en nosotros, que es su fuerza, su vitalidad, nos toca preguntarnos.
¿Para qué se nos fue otorgada la vida?.
Esto, sin duda alguna, corresponde con la necesidad que tuvo Dios al crear el hombre, es decir, el para qué de la vida, está íntimamente relacionada con el propósito de Dios al crearlo. Lo encontramos en Génesis.
Génesis 1:26 – Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre las bestias, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.
Cuándo se planificó la creación del hombre, se estableció cuál sería el propósito, la razón, o el objetivo fundamental que tendría dicha formación, y era señorear o gobernar todo lo que se había generado hasta el quinto día. Ahora bien, miremos la vida desde lo que es en esencia, es decir, de acuerdo a lo que podemos percibir de ella. Entonces nos volvemos a preguntar.
¿Qué es lo que normalmente hacen todas las cosas que están vivas? o
¿Cuándo algo tiene vida, qué es lo que hace? o
¿Cómo sabemos o percibimos que algo tiene vida?
Lo expondré desde lo que percibo. En lo personal, algo está vivo, cuando tiene movimiento, crece, manifiesta energía, además, se puede sentir o percibir algún sentimiento o alguna emoción.
Pero volvamos al hombre
. ¿Qué hacemos mientras estamos vivos?
¿Qué es lo que la vida me lleva o me impulsa a hacer?
El hombre, mientras está vivo, siente de manera intrínseca la necesidad de hacer, de moverse, de cambiar, de crear y sobre todo cómo,una de las cualidades más semejantes al creador, la de expandir todo. Lo ejemplificaré> Luego que terminamos de estudiar, o hacer algún trabajo, normalmente, y como cosa que llega incluso por sí misma, tenemos la necesidad de continuar estudiando,de mejorar nuestro trabajo, de impulsar o crear algo luego de haber culminado algo. Se pretende creer, qué cuando logremos tal o cual cosa es que llegaremos a ser felices, pero luego de alcanzar el objetivo deseado, incluso antes de culminarlo, en nuestra mente o en nuestro entorno, nace la necesidad de que hay algo más que hacer. No basta con terminar algo, si no que de manera intrínseca buscamos hacer algo más.
Este impulso, que nos mueve a todos, lo genera la vida misma. Estar vivo implica movernos, más que por necesidad de obtener algo, es porque la esencia de la vida es movernos hacia una infinita expansión, y es la cualidad que más nos asemeja al creador. Dios es inimaginablemente infinito, y ese hacer, crear, cambiar, modificar, ampliar, que está en nosotros, no es más que Vida.
Entonces respondiendo la pregunta. ¿Para qué la Vida? Te respondo: (desde mi perspectiva): Para expandir la creación, Mediante las modificaciones, cambios creacionesque permitan a Dios, experimentarse.
Parte 2.
Propósito de la Creación del Hombre vs La necesidad de Dios.
¿Qué necesidad tuvo Dios, la única energía, la fuerza, el poder, lo único glorioso y el único señor de crear al hombre?
¿Te has hecho alguna vez esta pregunta?
Para hacerlo más explícito, A continuación os dejaré. Textualmente, una parte del primer capítulo del libro Conversaciones con Dios, donde de una manera bastante explícita y detallada, el autor del libro tuyo plasmar lo que esta entidad Superior te explico sobre la necesidad de Dios al crear la humanidad.
En lo personal, pude comprender lo que se me fue mostrado tiempo atrás, en cuánto al porqué dios creó el hombre. Esto es lo que refleja las sagradas escrituras, en diversos versículos o pasajes. Que somos instrumentos de Dios para Gloria de su Nombre, que nuestro único fin es servirle, y que lo único que desea, es que seamos uno con Él.
Parte 3.
Parte 4.
Os dejo el enlace del libro a continuación el texto:
Conversaciones-con-Dios-1 PDF.
Empecemos por aquí. El alma –vuestra alma– ya sabe todo lo que se puede saber en
todo momento. Nada se le oculta, no desconoce nada. Pero saberlo no es suficiente. El alma
aspira a experimentarlo.
Podéis saber que sois generosos, pero a menos que hagáis algo que despliegue
generosidad, solo tenéis un concepto. Podéis saber que sois amables, pero si no le hacéis
algo amable a alguien, solo tendréis una idea sobre vosotros mismos.
El único deseo de vuestra alma es convertir su más grandioso concepto sobre sí
misma en su mayor experiencia. En tanto el concepto no se convierta en experiencia, todo lo
que hay es especulación. Yo he estado especulando sobre Mí mismo durante mucho tiempo,
más del que vosotros y Yo podríamos recordar colectivamente, más tiempo que la edad del
universo multiplicada por sí misma. ¡Mira entonces qué joven es –qué nueva es– Mi
experiencia de Mí mismo!Me he perdido de nuevo. ¿Tu experiencia de Ti mismo?
Sí. Permíteme que te lo explique de este modo:
En el principio, lo que Es era todo lo que había, y no había nada más. Pero Todo Lo
Que Es no podía conocerse a sí mismo, pues Todo Lo Que Es era todo lo que había, y no
había nada más. Así, Todo Lo Que Es… no era, ya que, en ausencia de algo más, Todo Lo
Que Es, no es.
Este es el gran “Es/No Es” al que han aludido los místicos desde el principio de los
tiempos.
Ahora bien, Todo Lo Que Es sabía que era todo lo que había; pero eso no bastaba,
puesto que solo podía conocer su total magnificencia conceptualmente, no
experiencialmente. Así que lo que anhelaba era la experiencia de sí mismo, puesto que
quería saber que le apetecía ser tan magnífico, quería saber cómo se siente siendo tan
magnífico. Aun así, eso era imposible, ya que el propio término “magnífico” es un término
relativo. Todo Lo Que Es no podía saber cómo se sentiría siendo magnífico, no podía saber
que le apetecía ser magnífico, a menos que lo que no es, se mostrara. En ausencia de lo que
no es, lo que Es, no es.
¿Entiendes esto?
Creo que sí. Continúa.
De acuerdo. Lo único que Todo Lo Que Es sabía es que no había nada más. Así, no
podía ni lograría jamás conocerse a Sí Mismo desde un punto de referencia exterior a Sí
Mismo: dicho punto de referencia no existía. ¡Solo había un punto de referencia!, que era un
único lugar interior: el “Es/No Es”; el “Soy/No Soy”.
Aun así, el Todo de Toda Cosa decidió conocerse en la experiencia,
“experiencialmente”.
Esta energía –esta energía pura, invisible, inaudible, inobservable y, por tanto, no
conocida por nadie– decidió experimentarse a Sí Misma como la total magnificencia que
era. Para ello, se dio cuenta de que habría de utilizar un punto de referencia interior.
Se hizo el razonamiento, totalmente correcto, de que cualquier parte de Sí Misma
había de ser necesariamente menos que el total. Por tanto, si simplemente se dividía a Sí
Misma en partes, entonces cada una de las partes, al ser menos que el total, podría mirar al
resto de Sí Misma y contemplar la magnificencia.
Así, Todo Lo Que Es se dividió a Sí Mismo, y en un momento glorioso se convirtió
en lo que es esto, y lo que es aquello. Por primera vez, existían esto y aquello,
completamente separados el uno del otro. Y aun así, existían simultáneamente, tal como
sucedía también con todo lo que no era ninguno de los dos.
Así, de repente existían tres elementos: lo que está aquí, lo que está allí, y lo que no
está ni aquí ni allí, pero que debe existir para que aquí y allí existan.
Es la nada que alberga al todo. Es el no-espacio que alberga al espacio. Es el todo
que alberga a las partes.
¿Lo entiendes?
¿Me sigues?
Creo que sí, realmente. Lo creas o no, lo has ilustrado de una forma tan clara que creo que verdaderamente lo entiendo.
Continúa en la página 19 del Libro. También se explicó en la clase.
Actividad a Realizar
PULSA – Libro Conversaciones con Dios 1
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