¿Lo Estaré Haciendo Mal? La Pregunta Clave de la Vida

 

Esta inquietud es la que a diario nos planteamos: ¿Estará correcto lo que estoy haciendo? ¿Estará bien si lo hago de tal o cual forma?

Para poder responder a este tipo de preguntas, lo más lógico es comenzar por el principio, y el principio es: ¿Quién lo está haciendo? Esta pregunta es la clave para determinar si una acción está bien o está mal.

Si hacemos la pregunta: «¿Quién lo está haciendo?», lo más lógico es que la respuesta sea: «Yo lo hago».


La Imagen y Semejanza de Dios: Nuestro Origen

 

Basados en las Sagradas Escrituras, volvámonos al origen. En Génesis 1:26 encontramos la base de nuestra identidad y propósito:

“Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.’”

Este versículo resalta que usted es una imagen y semejanza de Dios, hecho para gobernar. Su propósito es ejercer dominio sobre la Creación.

Dejando claro este primer punto como base, podemos ahondar en el tema de si lo está haciendo bien o si lo está haciendo mal. Si quien ejecuta la acción es una imagen y semejanza de Dios, nuestra siguiente reflexión es inevitable.


El Propósito Detrás de la Acción

 

Imaginemos que es Dios quien hace algo. Cuando vemos situaciones difíciles (un niño que nace con una enfermedad grave, la muerte por hambre, o el sufrimiento en diversas partes del mundo), nos preguntamos: «¿Por qué Dios permite tal cosa?»

Nuestra respuesta automática e inconsciente suele ser: «Dios sabrá por qué lo hizo; Él tendrá una razón o un propósito mayor por la cual permitió o permite que ocurra tal cosa.»

Si usted es una imagen de Dios, esto significa que usted actúa o representa lo que Él es. Por lo tanto, cuando usted actúa, de igual manera tiene un propósito o una razón por la cual hace tal o cual cosa.

Su accionar, como imagen y semejanza de Dios, siempre estará relacionado con lo que usted considera correcto o incorrecto. Lo que le lleva a actuar es lo que usted necesita o requiere hacer, tal cual como lo haría Dios, pues usted, al ser su imagen y semejanza, actúa como Él.


La Enseñanza de Pablo: Aceptación y Convicción Personal

 

Veamos lo que nos enseñó el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, en el capítulo 14.

El capítulo comienza con una declaración que engloba gran parte de su esencia, en Romanos 14:1:

“Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.”

El apóstol Pablo enseña que aceptar al otro no es igual a tener que pensar como él, sino saber que sus diferencias no son un limitante para que podamos interactuar.

Seguidamente, el versículo 3 del mismo capítulo refuerza esta idea:

“El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.”

Este versículo refuerza el hecho de aceptar las diferencias, pues sea que haga una cosa o haga otra, Dios le aceptará.

El versículo 5 del mismo capítulo señala la necesidad de convicción personal:

“Cada cual esté plenamente convencido en su propia mente.”

Esto enfatiza que, lo que vaya a hacer, lo único que debe tener en cuenta es que debe estar claro con lo que está haciendo. El convencimiento debe tenerlo usted, y no para justificarse ante otros.


La Fe como Certeza y el Servicio a Dios

 

Como lo dice este capítulo, «porque todo lo que no es de fe, es pecado«. La fe no es más que certeza y convicción. Si usted no tiene certeza y convicción en algo, entonces eso pasa a ser pecado, porque al no creer en ello, se convierte en algo que va en contra de usted mismo. Entra en pecado por las mismas cosas que usted ha establecido para sí.

Continuamos con el versículo 6, que encierra una hermosa verdad, en Romanos 14:6:

“El que hace caso del día, para el Señor lo hace; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace.”

Aunque pueda parecer contradictorio para nuestra mente lógica, el apóstol enfatiza que todo lo que hacemos, de una forma u otra, lo estamos haciendo para Él.

Esta verdad es que cada uno hace de acuerdo a su propio sentir, y ese sentir es el mismo mandato que Dios coloca en nuestros corazones. Si para Dios lo hacemos, es porque somos un instrumento, y es Él quien pone en nuestros corazones tanto el querer como el hacer, por su santa voluntad.

El versículo 7 del mismo Romanos 14 continúa con la declaración que revela lo que realmente somos: criaturas al servicio de Dios.

“Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.”

Y el versículo 8 concluye:

“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.”

Esta es una tremenda declaración. Aquí es donde debemos entender que somos solo piezas, criaturas, creaciones hechas por un Creador para servirle a Él. Cualquier cosa que sintamos en nuestro corazón es solo el sentir que Dios quiere y desea vivir a través de nosotros.


El Actuar en Convicción: El Sentido de la Libertad

 

El aliento de vida que tenemos en nuestro ser le pertenece a Él, y es la que hace que este cuerpo se mueva, se mantenga y se comunique. Este aliento de vida, que es la misma vida, tiene un gran sistema que no solo mantiene vivo un cuerpo, sino que interactúa con toda la Creación, porque es la imagen de Dios mismo.

La única forma de ser esa imagen es tener la misma esencia de Dios en nosotros. No se puede ser una imagen de Dios si no se le representa.

Desde mi perspectiva, la respuesta en cuanto a si lo está haciendo mal o si lo está haciendo bien es la siguiente:

Usted lo hace mal cuando no es usted quien lo hace, sino que hace lo que otros le piden que haga.

Cuando esto ocurre, reprimimos nuestro sentir, y ahí es donde llegan las enfermedades, manifestando ese sentimiento que no hemos podido expresar, esa orden que no hemos podido emitir y que llegó a nuestro corazón de parte de nuestro «Jefe Mayor».

Como tenemos libre albedrío (un don necesario para ser imagen de Dios, pues Él es libre de escoger), la ejecución de esa voluntad ya no depende de Dios, sino que es nuestra elección.

Cuando busca hacer lo que otros desean que usted haga, o cuando busca hacer las cosas por un temor y no por convicción, entonces no está haciendo lo que realmente vino a hacer.


La Importancia de Expresar la Voluntad Interior

 

Vivimos en sociedades bajo normas, y es completamente válido adaptarnos a ellas para crear un entorno de límites y respeto. Pero el problema está en hacer lo que otros quieren en contra de su propia voluntad.

Cuando otro le impone su voluntad, ese otro sí está representando la imagen de Dios, porque está haciendo lo que desea hacer. Pero cuando usted se coarta y se reprime para hacer lo que el otro le impone, deja de representar esa imagen de Dios.

Al reprimir la voluntad de Dios puesta en su corazón, nuestro cuerpo comienza a hablarnos: a hincharnos, a enfermarnos, a generar dolores. De allí que la ciencia, como la Biodecodificación, le pueda decir cómo cada enfermedad solo representa un sentimiento o una acción que no hemos podido liberar.

Saber si está haciendo las cosas correctamente, entonces, parte solamente de sentir la libertad de poder expresar lo que siente. Por ello, el lema que tengo en mi vida es que hemos venido solamente a expresar aquello que Dios ha puesto en mi corazón.

Esto que sentimos es lo que Dios ha puesto para que Él se glorifique en cada una de nuestras acciones, porque Él es el que da la fortaleza, la acción y los resultados.

Servirle a Él es nuestro único propósito, porque para Él es la gloria y la honra por los siglos de los siglos, amén, tal como lo enseña Mateo 6:13:

“Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”