Dios: El Único Gobierno Político y Real de Toda Nación.
Cuando observamos el devenir de las naciones, las crisis sociales y los tableros de la política internacional, la tendencia humana es buscar culpables, salvadores o líderes terrenales a quienes entregarles el destino de nuestras vidas. Creemos que el rumbo de un país se decide exclusivamente en los despachos presidenciales, en las tarimas de los mítines o en las mesas de negociación de las grandes potencias. Sin embargo, cuando elevamos nuestra frecuencia de pensamiento y conectamos con la verdadera Esencia que nos sustenta, comprendemos una verdad absoluta e inquebrantable: Dios, el creador del cielo y de la tierra, que nos formó a su imagen y semejanza, es el único y verdadero gobierno político de toda nación. Es Él quien pone y quita reyes, y quien establece los tiempos y los gobiernos según un orden infinitamente superior al que nuestra mente terrenal puede abarcar.
Los designios de la Fuente jamás obedecen a la complacencia de los egos humanos, a la necesidad de validación de un colectivo impaciente, ni a la prisa de quienes exigen ver resultados inmediatos bajo sus propias reglas. Como bien se detalla en las páginas iniciales de Conversaciones con Dios (específicamente explorando el propósito de nuestra existencia), la humanidad no fue creada para validar ideologías políticas ni para alimentar vanidades terrenales; fuimos creados por una necesidad primordial de la Fuente: crear experiencias. Dios se manifiesta a través de cada uno de nosotros para vivir, sentir y experimentar las múltiples facetas de la vida que se despliegan en este plano material.
Mirar los acontecimientos de nuestro país y del mundo desde esta perspectiva no nos invita a la pasividad, sino a una profunda libertad y paz interior. Nos otorga la absoluta tranquilidad de saber que nada está fuera de control, que ningún gobernante o sistema opera al margen de este orden mayor, y que todo lo que vivimos forma parte del gran tapiz de experiencias que el Creador experimenta a través de su propia creación. Cuando comprendes esto, el miedo se desvanece y la ansiedad por el futuro se transforma en una serena certeza: todo está siempre sostenido en las manos de la Fuente.
La Ilusión del Ego, la Falta de Cautela y el Cambio Constante.
Cuando ignoramos el orden divino y nos dejamos arrastrar por las corrientes de la superficie, es muy común caer en las trampas del ego. Sin embargo, hay que mirar esto desde una comprensión más elevada: creerse dueño de la verdad, sentir que lo que ves y defiendes es lo único absoluto, no está mal. De hecho, forma parte exacta de tu diseño original. Fuiste creado a imagen y semejanza de la Fuente; por lo tanto, llevas en ti la chispa del Creador, y al igual que Él, posees una verdad propia y una perspectiva única desde la cual experimentas el mundo. Pretender que no seas tú mismo o invalidar tu propia postura iría en contra de tu propia naturaleza de creador.
El problema real no surge por tener una postura o por sentirte seguro de ella, sino por creer que esa fotografía del momento presente es estática y eterna. Es la ilusión de pensar que lo que está ocurriendo hoy —una concentración masiva, una caravana apoteósica o una demostración temporal de fuerza popular— es el destino final y absoluto. Quien actúa sin cautela política y sin comprender la dinámica de la vida, cree que por tener una gran popularidad hoy ya tiene el tablero ganado para siempre, ignorando por completo que la energía de los pueblos fluye, muta y se transforma constantemente.
La vida es un constante devenir. Lo que pensabas hace un mes no es lo mismo que piensas hoy, y lo que eres hoy se transformará en el mañana. Pretender adelantarse a los acontecimientos o exigirle al tiempo cronológico que corra al ritmo de nuestras ansiedades humanas demuestra una desconexión total con los ciclos universales.
En el tablero de la política nacional e internacional —como bien se observa en las estrategias de contención y en los movimientos de potencias como Estados Unidos, que lanzan mensajes calculados para calmar las aguas o modular la presión—, las fichas se mueven en silencio y bajo leyes de causa y efecto muy complejas. Creer que un grito en la calle o un respaldo multitudinario anula por sí solo las estructuras institucionales o los tiempos de la materia, es caer en la soberbia de querer gobernar el mundo a capricho del ego. La verdadera sabiduría política y espiritual exige silencio, estrategia, profunda cautela y, sobre todo, la humildad de rendirse ante el fluir del Creador diciendo con el corazón: «No mi voluntad, sino la tuya»
La Creación de Riqueza y Éxito: ¿Desde Dónde Construimos?
Esta misma ilusión del ego se traslada de manera directa a nuestra relación con el dinero, el éxito y los bienes materiales. Pasamos gran parte de la vida intentando acumular, creyendo erróneamente que esa riqueza es el fin último de nuestra existencia y la garantía de una falsa seguridad eterna. Sin embargo, olvidamos una verdad fundamental: toda riqueza no se genera por capricho de la voluntad humana, sino a través del poder y los dones que nos fueron otorgados por la Fuente.
Las Escrituras nos recuerdan esta realidad cuando señalan con precisión que a cada uno de nosotros se nos han repartido dones y talentos únicos para ponerlos al servicio de la vida: «De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, úsese de ellos…» (Romanos 12:6). Y como bien enseña la parábola de los talentos, la abundancia y la prosperidad están diseñadas para multiplicarse y fluir a través del ejercicio fiel de aquello para lo cual fuimos concebidos.
Cuando intentamos generar riqueza desde el afán desmedido del ego, olvidamos que nuestra permanencia en este plano físico es temporal. Es exactamente la advertencia que Jesús dejó plasmada en aquella parábola recogida en los Evangelios, cuando el hombre rico acumulaba cosechas pensando en asegurar sus años futuros y oyó decir: «¡Necio! Esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?» (Lucas 12:20). Quien se pasa la vida entera persiguiendo cifras con la ilusión de que el dinero le pertenece, olvida que la muerte o la partida nos alcanza a todos, y que lo material jamás se va con nosotros; se queda como parte de la gran creación.
¿Significa esto que el dinero y las empresas son malos? ¡En absoluto! El propósito que Dios tuvo al crearnos también incluye la manifestación de la abundancia material, pero no para alimentar la vanidad del ego, sino para la propia expansión del ser. Tener empresas, construir proyectos o generar recursos es maravilloso cuando se disfruta el proceso, bajo la profunda conciencia de que esa riqueza no se queda contigo: es el Creador experimentando la abundancia y disfrutando de su propia obra a través de ti.
Cuando creas riqueza desde tu propósito de vida y desde tu esencia, lo que haces lo haces con tanto amor y placer que, se acumulen millones o no, lo verdaderamente valioso que te disfrutas es la vida misma que estás viviendo. Y si esa labor genera riqueza, bienvenida sea, porque se convierte en un canal para aportar, duplicar y servir al mundo. Al comprender que tú eres solo el instrumento y que es el Creador quien disfruta de toda esa riqueza a través de tu experiencia, el miedo a la pérdida desaparece, la preocupación se esfuma, y entiendes que lo único que realmente dejas y aportas es la manifestación viva del amor de Dios en la Tierra.
Vivir y Expandirse con Dios desde el Corazón.
Así como se diseña un teléfono, una computadora o un vehículo para cumplir un propósito específico que no puede cambiar su fin esencial, nosotros fuimos creados con un diseño divino: manifestar nuestra esencia y gobernar la existencia desde el amor. Dios nos ha repartido dones y talentos únicos formando un sistema perfecto donde cada uno aporta al todo. No todos vinieron para el arte, la música o la oratoria; otros vinieron a estructurar, a dar orden a los números o a crear materia. Cuando descubres lo que te corresponde hacer y lo vives con pasión, creas una vida plena desde el corazón.
A veces las preocupaciones y los temores intentan nublar el camino. En lo personal, he transitado etapas de profunda estructura religiosa para luego comprender que todo ello formaba parte del proceso de aprendizaje necesario para llegar a la verdad que hoy abrazo. Hoy miro todas las formas de ver a Dios con absoluto respeto y sagrada reverencia, recordando las palabras del apóstol Pablo: «Ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí… De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos 14:7, 12). Y como también reflexionaba el apóstol al hablar de aquellas realidades inefables que le fueron mostradas en el tercer cielo (2 Corintios 12:2-4), comprendemos que todo es para Dios, porque de Él son todas las cosas.
¿Significa todo esto que no debemos planificar, trazar metas o estructurar proyectos en nuestra vida diaria? Por supuesto que no. La diferencia fundamental, el verdadero punto de quiebre, radica en desde dónde lo hacemos:
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Cuando planificas y actúas desde el ego: Las puertas se traban, los caminos se bloquean, los resultados fallan y terminamos desgastándonos culpando a factores externos, a las leyes, a la economía o a los cambios del entorno.
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Cuando planificas y creas desde el corazón: Todo fluye en perfecta armonía y sincronicidad, porque la acción ya no nace del capricho personal, sino de lo que verdaderamente eres en Dios.
Es por ello que nuestro norte, el lema de vida y el motor de nuestra academia y de cada paso que damos debe ser siempre el mismo: vivir nuestra vida desde lo que sentimos, expandiéndonos con Dios desde el corazón.
Si en algún momento sientes miedo o incertidumbre, acógelo; forma parte natural de la experiencia humana de existir y proyectar. No luches contra ti mismo. Soltar el afán de control, reconocer que todo en este universo está en constante y perfecto cambio, y recordar que nuestra existencia no vino a alimentar vanidades ni a saciar egos, sino a vivir con autenticidad y gozo la maravillosa experiencia de ser creadores en sintonía con la Fuente. Cuando abrazas esta verdad, dejas de luchar contra la corriente del mundo; te conviertes en un canal consciente de su amor, y tu vida entera se transforma en un testimonio vivo de paz, abundancia y verdadera libertad.